Descubre la Provenza en un viaje inolvidable de ocho días por el sur de Francia, donde el tiempo parece detenerse. Recorre viñedos, pueblos medievales encaramados y ciudades de herencia romana, entre la calma del Mediterráneo y paisajes naturales únicos. Disfruta de su exquisita gastronomía local: quesos, aceite de oliva y vinos selectos que completan una experiencia pensada para saborear cada instante a tu propio ritmo.
La aventura comienza en Marsella, una ciudad con más de 2.600 años de historia. El Vieux-Port, que en su día fue un puerto pesquero, es el punto de partida perfecto antes de adentrarse en Le Panier, su barrio más antiguo, formado por callejuelas, plazas y fachadas coloridas.
Para disfrutar de una panorámica privilegiada, sube hasta Notre-Dame de la Garde, situada en lo alto de una colina. Si dispones de más tiempo, puedes visitar el Mucem, Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo, frente al mar, o acercarte al Parque Nacional de las Calanques, donde los acantilados protegen pequeñas calas de aguas transparentes.
No te marches sin probar la bouillabaisse, el guiso marinero típico de la localidad.
En Toulon, el Mont Faron ofrece unas vistas excepcionales sobre la rada y el interior de la provincia de Var. Puedes llegar a la cima en teleférico, a 600 metros de altitud. Disfruta de sus rutas de senderismo y visita el Memorial del Desembarco de Provenza.
En la ciudad, pasea por las calles peatonales. En el mercado del Cours Lafayette, prueba la cade toulonnaise, una tortita elaborada con harina de garbanzos.
Termina el día en Le Mourillon, un antiguo barrio de pescadores, en una terraza con los pies en el agua, frente al Mediterráneo.
A unos veinte kilómetros se encuentra Hyères, la ciudad de las palmeras y puerta de entrada a las Islas de Oro: Porquerolles y Port-Cros.
No te pierdas la Villa Noailles, referente de la arquitectura modernista, ni las ruinas de su castillo medieval.
Continúa el recorrido por la península de Giens, rodeada de salinas donde habitan flamencos rosados y numerosas especies de aves protegidas.
Dejando atrás la costa, el paisaje cambia y aparecen olivares y campos de cultivo. Una parada recomendable es Cassis, un pueblo de pescadores rodeado por los viñedos de la denominación del mismo nombre (DOC Cassis). Su vecina, La Ciotat, se está consolidando como un destino de referencia para escapadas lifestyle en los alrededores de Marsella y en el territorio del Parque Nacional de las Calanques.
Después, continúa hasta Aix-en-Provence, pasando por la montaña Sainte-Victoire, uno de los temas favoritos del pintor Paul Cézanne. Aix-en-Provence es, por excelencia, una ciudad donde se disfruta del buen vivir.
Elegante y cultural, la ciudad vive al ritmo de sus exposiciones, centros de arte, museos y espacios públicos. Entre sus fuentes, tiendas y cafés, no dejes de probar un calisson, una de las especialidades más emblemáticas de Aix-en-Provence.
El Cours Mirabeau es uno de sus principales ejes, desde donde puedes continuar hasta la Place d'Albertas y la Cathédrale Saint-Sauveur.
Aviñón conserva el legado de la época en la que fue residencia de los Papas durante el siglo XIV. Rodeada por antiguas murallas y reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO, concentra una importante riqueza cultural.
El Pont Saint-Bénézet, conocido como el Puente de Aviñón, ofrece bonitas vistas sobre el Ródano. Después, puedes perderte por el casco antiguo y acercarte a Les Halles, su galería gastronómica cubierta, para conocer productos y especialidades locales.
También es un buen punto de partida para descubrir los viñedos del valle del Ródano y disfrutar de sus vinos, así como para visitar localidades como L’Isle-sur-la-Sorgue y Carpentras, conocidas por su artesanía y por su ubicación privilegiada a las puertas del Ventoux y del Luberon.
La última parada es Nîmes, conocida como la Roma francesa por la importancia de su legado romano.
Las Arènes de Nîmes, un impresionante anfiteatro del siglo I, y la Maison Carrée, uno de los templos mejor conservados de la Antigüedad y Patrimonio Mundial de la UNESCO, son dos visitas imprescindibles.
Los Jardins de la Fontaine ofrecen, después, un agradable paseo hasta la Tour Magne, desde donde disfrutar de una panorámica de la ciudad. Para completar este recorrido por el patrimonio romano, merece la pena acercarse al Pont du Gard, uno de los monumentos más emblemáticos de la región.
Para descubrir la faceta más contemporánea de Nîmes, acércate al Carré d'Art, situado frente a la Maison Carrée. Antes de despedirte, una visita al mercado cubierto Les Halles de Nîmes permite conocer algunos de los productos y sabores de la región.
Tras ocho días entre Mediterráneo, pueblos con encanto, arte, historia, naturaleza y gastronomía, llega el momento de regresar a Marsella.
Antes de poner rumbo al aeropuerto, todavía puedes disfrutar de las últimas horas en Nîmes, pasear por el centro o tomar un café en alguna de sus plazas. Después, los aproximadamente 125 kilómetros hasta Marsella marcan el final de esta escapada por el sur de Francia.
Pero esto es solo un bocado de Provenza. Todavía quedan muchas experiencias por vivir. Puedes sumergirte en la naturaleza del Verdon y la Alta Provenza, descubriendo lugares como Manosque, Gréoux-les-Bains y Digne-les-Bains, o disfrutar del encanto y la elegancia de Saint-Tropez, en un entorno mediterráneo único.
Porque en Provenza, muchas veces, lo más especial no es únicamente el lugar al que llegas, sino todo aquello que encuentras mientras avanzas. Y si te has quedado con ganas de seguir explorando la región, puedes descubrir más propuestas y organizar tu próximo viaje a través de nuestras ofertas y experiencias para viajar a la Provenza.