Viajar a Islandia significa adentrarse en un territorio de contrastes, donde volcanes, glaciares, cascadas, campos de lava, playas de arena negra y aguas termales forman paisajes difíciles de encontrar en otros lugares. Conocida como la tierra del fuego y el hielo, Islandia es un destino especialmente atractivo para quienes buscan naturaleza, aventura y experiencias diferentes. Pero precisamente por las características del país, preparar bien el viaje es fundamental. La época del año, las condiciones meteorológicas, los desplazamientos o la ropa que incluyas en la maleta pueden marcar la diferencia. Si estás pensando en viajar a Islandia, estas recomendaciones y consejos te ayudarán a organizar tu aventura y a disfrutar al máximo de todo lo que ofrece el destino.
La mejor época para viajar a Islandia dependerá fundamentalmente de lo que quieras hacer y de los lugares que quieras conocer. El país ofrece experiencias muy diferentes según la estación, por lo que no existe un único momento perfecto para visitarlo.
El verano es especialmente interesante para quienes quieren realizar rutas y pasar buena parte del viaje al aire libre. Los días son mucho más largos y resulta más sencillo recorrer diferentes zonas del país. Es una época perfecta para descubrir cascadas, playas negras, glaciares y paisajes volcánicos, así como para disfrutar de actividades de senderismo y naturaleza.
El invierno muestra una Islandia completamente diferente. Los paisajes nevados y las largas noches aportan un carácter especial al viaje y ofrecen la posibilidad de contemplar las auroras boreales. Sin embargo, las horas de luz son más reducidas y el clima puede condicionar los desplazamientos, por lo que conviene planificar las rutas con mayor flexibilidad. Las condiciones meteorológicas y de las carreteras pueden cambiar con rapidez.
Primavera y otoño son dos alternativas para quienes prefieren viajar fuera de los meses de mayor afluencia turística. En cualquier caso, antes de organizar el itinerario conviene tener en cuenta las horas de luz disponibles y las condiciones previstas en cada región.
No existe una duración única para un viaje a Islandia, ya que dependerá de la ruta y de las regiones que quieras visitar. Para una primera toma de contacto, puedes centrar el viaje en Reikiavik, el Círculo Dorado y la costa sur, donde se encuentran muchos de los paisajes más conocidos del país.
Si dispones de más tiempo, podrás ampliar el recorrido hacia otras regiones y plantear una ruta más completa. Lo importante es evitar itinerarios excesivamente ajustados, ya que las distancias, las paradas y, especialmente, las condiciones meteorológicas pueden hacer que los desplazamientos requieran más tiempo del esperado.
En Islandia, además, buena parte del atractivo está precisamente en el camino. Cascadas, áreas geotérmicas, campos de lava y miradores convierten muchos de los trayectos en una experiencia en sí mismos.
Preparar bien la maleta para viajar a Islandia es fundamental, ya que el clima puede ser cambiante y las condiciones pueden variar a lo largo de una misma jornada. Una buena opción es vestirse por capas, de manera que puedas añadir o quitar prendas fácilmente según la temperatura y la actividad que vayas a realizar. Las prendas térmicas pueden resultar especialmente útiles en los meses más fríos.
Entre los imprescindibles conviene incluir una chaqueta impermeable y cortavientos, además de prendas que protejan del frío y la lluvia. Un gorro, guantes y una braga para el cuello pueden ser buenos aliados dependiendo de la época del año. Incluso si viajas en verano, es recomendable llevar ropa de abrigo y no confiar únicamente en las temperaturas previstas antes de salir.
El calzado también merece especial atención. Si tienes pensado recorrer cascadas, zonas volcánicas, senderos o espacios naturales, lleva botas o zapatillas de trekking cómodas, resistentes y preferiblemente impermeables. Para actividades específicas, como las excursiones sobre glaciares, consulta previamente qué material proporciona la empresa organizadora y qué equipamiento tendrás que llevar por tu cuenta.
Y hay un elemento que puede resultar menos evidente: el bañador. Las piscinas geotérmicas y los baños termales forman parte de la experiencia de un viaje a Islandia, por lo que merece la pena reservarle un hueco en la maleta. Añade también una mochila pequeña para las excursiones y tendrás lo necesario para adaptarte con mayor comodidad a las diferentes experiencias que ofrece el país.
El coche ofrece una gran libertad a la hora de recorrer Islandia, especialmente si quieres organizar las jornadas a tu ritmo y realizar diferentes paradas durante el trayecto. Sin embargo, no es la única posibilidad. También existen circuitos y excursiones organizadas que permiten conocer algunos de los principales atractivos sin necesidad de conducir.
La elección dependerá de la época del viaje, del itinerario previsto y de tu experiencia al volante. En invierno, las condiciones pueden ser considerablemente más exigentes que durante los meses más favorables.
Si decides alquilar un coche, hay una recomendación que debe acompañarte durante todo el viaje: consulta las condiciones meteorológicas y el estado de las carreteras antes de comenzar cada trayecto. La información oficial de carreteras informa sobre incidencias, obras y condiciones de circulación, y ten mucho cuidado ya que el tiempo y el estado de las vías pueden cambiar rápidamente.
Las características de las vías también varían dependiendo de la zona. Por ello, antes de salir de la red principal debes comprobar si el vehículo que has alquilado es adecuado para el itinerario que tienes previsto.
Especial atención requieren las Tierras Altas o Highlands, donde las condiciones son muy diferentes a las de las carreteras convencionales. Las autoridades publican información específica para la conducción en estas zonas y conviene seguir siempre sus indicaciones y consultar posibles cierres o incidencias.
También es importante evitar planificar etapas demasiado largas. El paisaje invita constantemente a detenerse, pero las paradas deben realizarse únicamente en lugares seguros y habilitados para ello.
Por último, llevar GPS o una aplicación de navegación en el móvil puede resultar muy útil para recorrer Islandia, especialmente cuando el itinerario incluye zonas alejadas de los principales núcleos urbanos. Aun así, la navegación no debe sustituir la consulta de las condiciones reales de la ruta. Antes de comenzar cada etapa, revisa los avisos oficiales y, si vas a desplazarte por áreas remotas, lleva el teléfono cargado y prepara previamente el recorrido.
Contemplar una aurora boreal en Islandia es uno de esos momentos capaces de convertirse en el gran recuerdo del viaje. Sin embargo, se trata de un fenómeno natural y, por tanto, nunca se puede garantizar su aparición.
Para observarlas se necesitan fundamentalmente oscuridad, cielos suficientemente despejados y actividad auroral. Por este motivo, las noches de las estaciones con más horas de oscuridad ofrecen mejores oportunidades que el verano.
Alejarse de la contaminación lumínica también ayuda a disfrutar del espectáculo en mejores condiciones. Existen excursiones específicas para buscar auroras boreales que adaptan el recorrido a las previsiones de cada noche.
La tecnología también puede convertirse en una buena aliada para buscar auroras boreales en Islandia. Antes de salir, puedes consultar desde el móvil el mapa de auroras de la Oficina Meteorológica de Islandia, que muestra la previsión de nubosidad y un índice de actividad auroral en una escala de 0 a 9.
Sobre todo, merece la pena tener paciencia. Si el objetivo principal de tu viaje es contemplarlas, intenta no reservar una única noche para hacerlo.
Uno de los grandes atractivos de Islandia es la extraordinaria variedad de paisajes que pueden encontrarse durante un mismo viaje.
Reikiavik es un buen punto de partida. La capital permite descubrir lugares como la iglesia Hallgrímskirkja, el puerto o el singular edificio Harpa, además de disfrutar de la vida cultural y gastronómica de la ciudad.
Fuera de la capital, las cascadas se convierten en grandes protagonistas. Gullfoss forma parte de los paisajes imprescindibles del famoso Círculo Dorado, mientras que Skógafoss, en el sur del país, sorprende por la fuerza de su caída de agua y por el entorno que la rodea. En el norte, Goðafoss, conocida como la "cascada de los dioses", es otra de las más emblemáticas de Islandia y destaca por la belleza de su salto de agua y el paisaje volcánico que la rodea.
Otro de los grandes escenarios naturales son los glaciares. El inmenso Vatnajökull y la laguna glaciar de Jökulsárlón, con sus icebergs flotando sobre el agua, muestran esa Islandia dominada por el hielo que contrasta con las zonas volcánicas y geotérmicas.
Las playas negras son otra de las imágenes características del país. Reynisfjara, próxima a Vík, destaca por su arena volcánica y sus formaciones basálticas. Como sucede en cualquier espacio natural islandés, es fundamental respetar las indicaciones y zonas de seguridad.
Y para comprender la otra cara del país hay que acercarse a sus paisajes geotérmicos, campos de lava y cráteres. Lugares como Kerið muestran la huella que la intensa actividad geológica ha dejado sobre el territorio.
Los paisajes islandeses han servido además como escenario para numerosas películas y series. Los glaciares Mýrdalsjökull y Vatnajökull, el lago Mývatn, Þingvellir, Akureyri o Goðafoss aparecen vinculados a localizaciones de Juego de Tronos.
El entorno de Vatnajökull también ha acogido rodajes de producciones como La vida secreta de Walter Mitty, Batman Begins, Tomb Raider o películas de James Bond, mientras que los paisajes glaciares de Svínafellsjökull se han utilizado en producciones de la saga Star Wars.
Vikingos y Thor: El mundo oscuro completan esta particular ruta cinematográfica, con escenarios reconocibles en producciones como Vík y las playas negras próximas a Skógafoss
Bucear entre dos continentes en la falla de Silfra, en el Parque Natural de Thingvellir, frontera entre las placas tectónicas americana e indoeuropea. Dicen que son las aguas más cristalinas y puras del mundo, ya que llegan por vía subterránea desde un glaciar situado a 50 km. La erupción de un volcán taponó el curso del río con lava porosa, y en la actualidad las aguas tardan más de 35 años en llegar a la falla. La ausencia de vida, y por lo tanto de depósitos orgánicos, ofrece a los buceadores visibilidad a casi 100 metros de distancia.
Hacer trekking por un glaciar y sus cuevas es también una experiencia única: la sensación de oír crujir el hielo con miles de años de antigüedad bajo tus pies es indescriptible, y explorar las cuevas de hielo que mutan de un año para otro, una maravilla. Eso sí, hay que equiparse con ropa técnica, arnés, crampones, casco y piolet.
Por último, algo que no pudimos hacer, pero que sin duda probaremos en nuestra próxima visita al país: pasear en kayak entre icebergs en el lago del glaciar Jokulsarlon.